Apuntes poscarnavaleros

Cuando todavía se siente la resaca carnavalera, suele ser frecuente un balance para considerar mejoras en la celebración, de manera que gane en atracción y no ahuyente a la gente y a los potenciales turistas.

Este año sobresale el espectáculo de las precarnavaleras y el de la coronación de la Reina. Sobre todo este último acontecimiento puso de manifiesto el notable esfuerzo y la creatividad de la comparsa Creidazos y de su majestad Davinia Fernández, una de las más bellas y carismáticas de los últimos tiempos. El techo que se ha puesto a los coronadores del próximo año es muy alto y éstos tendrán que invertir más recursos y tiempo para superar la calidad alcanzada en 2012. La organización del corso también mejoró, tanto en puntualidad como en la fluidez del paso de las comparsas. Aunque no faltaron los excesos, cada año que pasa se impone la vistosidad de los trajes y la entusiasta presentación de bailes de las agrupaciones sobre todo más adultas y tradicionales. Ya se aprecia espectáculo en las coreografías de las comparsas más conocidas, especialmente las formadas por las damas, cuyo esfuerzo se debe aplaudir. Quienes en el pasado reclamaban algo para ofrecer a los turistas tienen una respuesta en estas agrupaciones que gastan bastante en sus trajes y en otros detalles de sus presentaciones. Aunque este año no se vieron muchos carros, los que aparecieron en la farándula alcanzaron una calidad admirable. Es deseable que los premios municipales sean más atractivos para estimular una mayor inversión.
Los camarotes le han dado a los espectadores otro trato, lo mismo que las sillas y graderías, que ofrecen un poco más de seguridad. Sin embargo, se tendrá que mejorar el control de los precios, de manera que no resulten prohibitivos para las mayorías.
En lo que se requiere un control más riguroso es en los tres días de mojazón. Como lo advirtieron algunos historiadores, los garajes amenazan con matar el carnaval cruceño. Es cierto que la violencia de años pasados en la calle Ballivián obligó a muchos comparseros a aislarse en los estacionamientos cerrados del centro. Sin embargo, se necesita recuperar el viejo concepto de compartir la alegría carnavalera en las calles.
Las tarimas también le han quitado la esencia a la celebración. Ni qué decir del uso de la pintura y el daño que se causa a los edificios que son patrimonio histórico. No basta con las multas que se anuncian, ni con cerrar la plaza principal para evitarlo. Se necesita un compromiso mayor de los comparseros con la ciudad, reforzar las campañas preventivas, dictar normas adecuadas para frenar sobre todo la venta indiscriminada de tintas y tener autoridades e instituciones activas durante los días de festejo que las hagan cumplir sin contemplaciones.
Otra necesidad en las calles son los urinarios o baños móviles. Se podría obligar a las empresas, sobre todo cerveceras, que como parte de sus tareas de responsabilidad social los instalen en un número suficiente.

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