Adiós Juan Javier

Suena en el teléfono su inconfundible voz serena. Ni el maldito cáncer ha logrado cambiar su tono. Es Juan Javier Zeballos, que con su don de gente me llama desde La Paz para agradecer su última entrevista. Hace menos de un mes se la ofreció al colega Roberto Navia y quienes la leímos, uno de los  domingos pasados, recibimos de él otra de sus habituales cátedras de periodismo. La batalla contra la enfermedad había consumido su físico, pero no su espíritu. Seguía lúcido, hasta la semana pasada en la que él mismo piloteó desde la dirección ejecutiva de la Asociación Nacional de la Prensa la organización de un debate entre comunicadores sobre libertad de expresión. Fue el debate final de un gran Señor del Periodismo. 

Hombres como Juan Javier inmortalizan su paso por la tierra con sus actos. Este enorme obrero de la prensa fue capaz de conseguir lo que casi ningún informador boliviano ha logrado. A sus 24 años se impuso en un concurso de méritos a otros 200 periodistas del planeta que disputaban un puesto en la prestigiosa agencia de noticias Reuters. Con esfuerzo propio se ganó el cargo, que le permitió durante 25 años cubrir por todo el mundo desde las caídas de varios presidentes hasta algunos mundiales de fútbol. Zeballos tiene entre los mejores trofeos de este oficio una tapa del The New York Times con una de sus primicias. Qué gran logro para un redactor boliviano. 

Ese antecedente me llevó a preguntarle hace días qué debe hacer un periodista de su patria para conseguir lo que él conquistó. “Ningún periodista boliviano es menos que un periodista extranjero. Solo se necesita trabajo y rigor”, aconsejaba este apóstol de la verdad. Así era Juan Javier. Una persona sin complejos y al mismo tiempo un ser humano con una modestia inusual entre la gente que se desenvuelve entre las cámaras, las luces y los micrófonos. 

Pero hay una frase de su propio sello que resume cómo vivió y como murió este gran hombre. “El periodismo es como la leucemia. Se lleva en la sangre”. Y así se acaba de ir Zeballos, con el más lindo de los oficios en su sangre. 

De su amor por la profesión somos testigos quienes tuvimos el privilegio de conocerlo en su paso por los diarios Presencia, La Razón, Última Hora y El Mundo, y en años recientes por la Defensoría del Lector del diario EL DEBER. Incansable en su lucha por la búsqueda de la verdad, este caballero del periodismo se ha ido seguramente preocupado por las amenazas cotidianas a la libertad de expresión, una de sus mayores obsesiones en el ejercicio de sus tareas en la ANP. 

Juan Javier Zeballos ha vivido sus últimos días sin quejarse ni llamar la atención. Queda la enseñanza del maestro. Queda el ejemplo de un enorme ser humano cuyo consejo y orientación extrañaremos. Por ahora es imposible contener las lágrimas que provoca su partida, aunque el rencuentro será seguramente mejor.

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