Renuncias y “renuncias”

Foto El Deber: En Palacio de Gobierno, amautas procedieron a ahuyentar la mala suerte
Foto El Deber: En Palacio de Gobierno, amautas procedieron a ahuyentar la mala suerte

Esta crisis de gobierno desnuda ciertos rasgos del gabinete de Morales. Por un lado, la presencia en él de profesionales valiosos, pero también la de otros que solo repiten una forma tradicional de usar el poder. En el primer caso se inscriben la joven exministra de Defensa, Cecilia Chacón, y la exdirectora de Migración María René Quiroga. Las dos exfuncionarias prefirieron renunciar en vez de validar acciones que chocan con sus convicciones.

No es el caso de los otros dos renunciantes, el exministro Sacha Llorenti, y su exviceministro Marcos Farfán. Ambos parecen inscribirse entre los funcionarios que, por seguir en el poder, reciben o dan órdenes sin medir los efectos. Una cosa es la consecuencia y otra la obsecuencia. En un gobierno con vocación democrática nadie puede hacer lo que no quiere o lo que afecta sus principios. Es cierto que en su carta de renuncia Farfán rechaza la represión. Sin embargo, su mensaje es tan ambiguo que genera más confusión que certezas.

En medio de esta crisis, el presidente posesionó dos ministros que más parecen ser  piezas de emergencia o ‘fusibles’. Por el desempeño anterior de ambos, es difícil alentar un aporte cualitativo de ellos a un gabinete que tambalea por el conflicto del Tipnis.

Más allá del relevo de personas, se requiere de un cambio de visión de la cabeza del Gobierno frente a los conflictos. Por el temperamento del presidente, es difícil creer que esté manejado por el flanco duro de su entorno o que ha caído en una trampa de sus colaboradores que quieren desgastarlo, como sostienen algunos analistas.
Hubo estos años en el mandatario un estilo de gobernar distante de la concertación y la tolerancia, aunque proclame que gobierna escuchando al pueblo. También es cierto que cuando Morales ha podido corregir algunas veces sus errores lo hizo, lo que despierta alguna esperanza de cambio.

Esta crisis debería provocar una autorreflexión en el presidente y sus colaboradores. No se puede gobernar como los políticos de antes. La gente en Bolivia ha alcanzado una madurez suficiente en la defensa de los derechos humanos y de la democracia. Por tanto, cualquier abuso de poder siempre tiene un alto costo político.

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