Santa Cruz y su mes

Foto: El DeberOtro septiembre acaba de llegar. Es el mes del amor, de la primavera, de la mayor feria de exposición del país y, por supuesto, de la esperada festividad departamental. Estos son días en los que el cruceño celebra y se entusiasma. Muestra a la nación su indeclinable espíritu festivo y expone su orgullo de vivir en una tierra rica y noble. Son tiempos en que también recibe abundantes promesas del poder y en los que sus autoridades buscan seducir a la gente con un paquete de obras llamadas ‘regalos’.
De más está redundar ahora sobre la pérdida del peso político de los dirigentes locales en el escenario nacional. Tampoco es novedad remarcar el poder de la economía cruceña. Aunque en los últimos años cayó su aporte al PIB, de un 31% a un 29%, el aparato productivo de la región es el más importante de Bolivia. Basado en la agropecuaria, participa con Bs 37.600 millones en la torta nacional que supera los Bs 137.000 millones. Esa preponderancia se ilustra suficientemente con una cifra: El agro cruceño alimenta a siete de cada diez bolivianos.
La ‘locomotora económica’ del país no se ha montado por arte de magia. Los cruceños tienen el mérito de haber construido su ubicación hegemónica sin contar con un decidido respaldo estatal. El desarrollo económico mayor de Santa Cruz, respecto a otras regiones bolivianas, es más resultado del emprendedurismo de sus ciudadanos que del incentivo público. Es cierto que hubo un impulso especial del Estado a algunos proyectos nacionales que tocaron las tierras bajas después de 1952. Sin embargo, es preciso concluir que el progreso cruceño se debe más a la apuesta privada que a la pública. Incluso hasta ahora se sufren las trabas de un centralismo que no se extingue ni con la constitucionalización de las autonomías departamentales.
Pese a los obstáculos, Santa Cruz lucha por mantenerse a la vanguardia económica. No obstante, su empuje productivo contrasta con el rezago de su dirigencia política. Dicen que generalmente la historia muestra que el poder político siempre termina desplazándose donde está la fuerza económica. Sin embargo,  la distancia de los líderes cruceños del núcleo de las decisiones nacionales provoca últimamente una creciente preocupación, ansiedad y hasta desilusión.
Más allá de las responsabilidades dirigenciales de este escenario político desfavorable, septiembre puede estimular una reflexión profunda sobre las acciones individuales que impiden un desarrollo más humano y sostenible. Hay muchas culpas propias por la pérdida de calidad de vida en nuestra región. El deterioro del medio- ambiente tiene relación directa con la falta de cultura ciudadana. La falta de limpieza en la urbe no se arregla ni con millones de carros basureros. El creciente caos en las calles tampoco se frena con cientos de policías de tránsito. La contaminación del emblemático río Piraí no se arregla con miles de guardias en sus orillas.
Estos y otros males que nos estresan todos los días tienen en la conciencia individual la llave de las soluciones. Que este nuevo septiembre despierte nuestra responsabilidad ciudadana.

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