Los liderazgos cruceños

Tuffí Aré Vázquez

En estos días de turbulencias sociales que desgastan al gobierno de Evo Morales, se percibe un llamativo silencio de los liderazgos y dirigentes cruceños en relación a la importante agenda de demandas nacionales y sectoriales. Hay varios temas sobre los que se reclama una posición clara y firme de la élite dirigencial. Estos van desde el pedido de un nuevo censo nacional para la redistribución de los ingresos del país, hasta la crisis energética que afecta sobre todo a las industrias de la región, así como la intención gubernamental de construir una carretera por el Parque Isiboro Sécure. Lejos están los tiempos en que los liderazgos cruceños plantearon por iniciativa propia una agenda política nacional, siendo la principal bandera la lucha por la autonomía departamental. En el periodo 2000-2008 la élite pensante cruceña fue capaz de gestar algunas ideas y articular sólidas cruzadas de influencia nacional, capaces de aparecer como la alternativa al que se perfilaba desde entonces como un fuerte proyecto hegémonico, a la cabeza del primer presidente indígena. Santa Cruz había estado varios años a la vanguardia, hasta que se cometieron graves errores en el interior de la dirigencia de sus instituciones. En 2008 hay un quiebre, que termina por diluir lo que parecía un modelo alternativo al masista. Desde entonces, el liderazgo cruceño camina a los tumbos, atemorizado y en la retaguardia. Parece haberse renunciado a la toma de la iniciativa política que está ahora casi monopolizada por el Gobierno y sus sectores afines, varios de los que se han convertido paradójicamente en sus principales fiscalizadores. El control social y la oposición verdadera al proyecto del MAS se concentra en los sectores que llevaron a este partido al poder. Los indígenas protagonizan una vez más un capítulo trascendental de la historia con su marcha desde Trinidad. El Alto se ha alzado por una serie de demandas y Potosí pelea por sus reivindicaciones regionales. Esta etapa fue definida por el ideólogo del MAS, Álvaro García Linera, como la de las tensiones creativas de la revolución. En ese contexto, los liderazgos cruceños solo parecen espectar cómo la historia se construye en otros lugares y por otros actores. de turbulencias sociales que desgastan al gobierno de Evo Morales, se percibe un llamativo silencio de los liderazgos y dirigentes cruceños en relación a la importante agenda de demandas nacionales y sectoriales. Hay varios temas sobre los que se reclama una posición clara y firme de la élite dirigencial. Estos van desde el pedido de un nuevo censo nacional para la redistribución de los ingresos del país, hasta la crisis energética que afecta sobre todo a las industrias de la región, así como la intención gubernamental de construir una carretera por el Parque Isiboro Sécure. Lejos están los tiempos en que los liderazgos cruceños plantearon por iniciativa propia una agenda política nacional, siendo la principal bandera la lucha por la autonomía departamental. En el periodo 2000-2008 la élite pensante cruceña fue capaz de gestar algunas ideas y articular sólidas cruzadas de influencia nacional, capaces de aparecer como la alternativa al que se perfilaba desde entonces como un fuerte proyecto hegémonico, a la cabeza del primer presidente indígena. Santa Cruz había estado varios años a la vanguardia, hasta que se cometieron graves errores en el interior de la dirigencia de sus instituciones. En 2008 hay un quiebre, que termina por diluir lo que parecía un modelo alternativo al masista. Desde entonces, el liderazgo cruceño camina a los tumbos, atemorizado y en la retaguardia. Parece haberse renunciado a la toma de la iniciativa política que está ahora casi monopolizada por el Gobierno y sus sectores afines, varios de los que se han convertido paradójicamente en sus principales fiscalizadores. El control social y la oposición verdadera al proyecto del MAS se concentra en los sectores que llevaron a este partido al poder. Los indígenas protagonizan una vez más un capítulo trascendental de la historia con su marcha desde Trinidad. El Alto se ha alzado por una serie de demandas y Potosí pelea por sus reivindicaciones regionales. Esta etapa fue definida por el ideólogo del MAS, Álvaro García Linera, como la de las tensiones creativas de la revolución. En ese contexto, los liderazgos cruceños solo parecen espectar cómo la historia se construye en otros lugares y por otros actores.

 

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