Lambada y waka waka en China

Tuffí  Aré Vázquez/ Desde Guangzhou, China

Una misión de más de 60 empresarios bolivianos visita estos días algunas de las principales ciudades chinas, por iniciativa de la Cámara de Industria y Comercio de Santa Cruz. EL DEBER también ha sido invitado para enterarse de los negocios que ejecutan los privados nacionales con sus colegas chinos. En el grupo llama la atención la presencia inusual de ocho empresarios pandinos y dos tarijeños que comparten con los demás visitantes la inédita experiencia de conocer la segunda potencia económica mundial, controlada por un régimen comunista. Todos quieren identificar las razones de tanto poderío y del impactante crecimiento de una nación. La inquietud común apunta a observar de cerca la característica de la relación de un gobierno de ese corte ideológico con los empresarios y los inversionistas. Quieren saber si los éxitos de ese modelo se pueden o no reproducir en Bolivia. Pero sobre todo, quieren concretizar negocios para mejorar la situación de sus propias empresas.

Un paso fugaz por Shánghai, la principal urbe china,y tres días en la enorme feria de Cantón, que se realiza en Guangzhou, permiten concluir preliminarmente que este gigantesco país está absolutamente globalizado. La nación de Mao Tse Tung entró definitivamente al capitalismo, es una de sus mayores protagonistas y, por lo que se ve, resulta impensable que salga algún día del sistema. Por las amplias y largas avenidas del dragón asiático se respira capitalismo puro y todos los días cada uno de sus millones de ciudadanos se despierta a trabajar o a emprender para vivir mejor. China es una nación absolutamente abierta al planeta. En los locales de Macdonalds cientos de asiáticos hacen cola para pedir una hamburguesa. No hay vendedor que no se esfuerce en hablar inglés y hasta se ve a varios noctámbulos chinos bailar la lambada y el waka waka de Shakira en algunos pubs de sus principales ciudades.

De política se habla poco y hasta con temor. Algunos prefieren decir que no les interesa ser administrados por un gobierno comunista si es que cada día sienten que su vida mejora. En la tele, en los periódicos y en las radios sólo se reciben los mensajes que quiere el Estado. Sin embargo, poco parece importar, ya que la gente está enfocada en su trabajo, en sus emprendimientos y en sus estudios.

Incluso es menos traumático para un boliviano pasar por migración del aeropuerto de Shanghái que por el de Miami. El control en China es preciso, pero nada incómodo. Así se ha abierto al mundo una de las naciones más emblemáticas de un régimen comunista, que el año pasado captó inversiones extranjeras por más de 100.000 millones de dólares y que pretende seguir creciendo encima del 10%. En China no se ahuyentan los capitales, más bien se los seduce y se los conquista, sin que el Estado abandone su presencia en la economía. En China no se limita la producción de riqueza. Al contrario, estos días se ve en sus calles a varios de sus ciudadanos conduciendo flamantes Mercedes Benz, lujosos Audis y espectaculares BMW. Esto pasa en un régimen comunista, que, en lugar de encerrarse, decidió abrirse al mundo.

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