Lo que deja el desastre del Málaga

FOTO: http://www.eldeber.com.bo

Todo desastre pone a prueba la fortaleza de una comunidad y no hay población en el mundo que esté libre de sufrir alguna vez una tragedia. Incluso las sociedades más desarrolladas padecen golpes, ni qué decir las más pobres, que son siempre las más vulnerables. Esta semana, una dolorosa desgracia sacude Santa Cruz. Al menos 24 personas quedaron sepultadas entre los escombros del edificio Málaga, que se desplomó por posibles fallas en su construcción.

Como muchos desastres, tal vez se lo pudo evitar, pero ocurrió. Toda obra humana está expuesta al error. Por eso es que se arman estructuras de control, que se encargan de disminuir el riesgo de fallar. En el caso del Málaga, los especialistas han adelantado que se veía venir una tragedia, porque la mole de cemento había dado señales adelantadas de que podía derrumbarse. Una necesaria investigación debe aclarar más adelante las causas y las autoridades tendrán que castigar a los responsables de las deficiencias. No todos los días cae en el país un edificio de nueve pisos, por lo que el hecho no puede quedar en el olvido, ni los culpables en la impunidad.

Lo más importante en este momento son los esfuerzos que se hacen para salvar a las personas que luchan por sobrevivir entre los escombros. Cada minuto es valioso en el rescate y no se lo puede desaprovechar. En el lugar se ve una gigantesca  voluntad y solidaridad de los rescatistas, pero grandes limitaciones de capacidad, organización y experiencia.

Es cierto que las principales autoridades cruceñas reaccionaron de inmediato ante el desastre, pero otra vez quedó en evidencia la carencia de un aparato de auxilio eficiente y experimentado en Santa Cruz. Se ha postergado a lo largo de los años la consolidación de un equipo de defensa civil que enfrente con efectividad estas contingencias. Las iniciativas son aisladas y sobresalen casi siempre las de la fundación SAR, que mendiga últimamente recursos para comprar un helicóptero.

Ni qué decir en el área preventiva, donde las acciones son tímidas. De todos modos, la caída del Málaga es una prueba para la comunidad cruceña. Para empezar, acercó a los tres niveles de gobierno que han compartido el escenario de la coordinación de esfuerzos, pese a los permanentes desencuentros políticos. Para conseguir mejores resultados, se pudo tocar rápidamente las puertas de gobiernos más experimentados en la atención de situaciones similares, como el  chileno o el peruano.

Las tragedias casi siempre refuerzan la unidad de los pueblos. En este caso, la ciudadanía cruceña ha vuelto a confirmar la grandeza de su corazón con diversas iniciativas para auxiliar a los que sufren. Estos días la mirada de Santa Cruz está puesta en la desgracia que se vive en la calle Monseñor Salvatierra. En el ámbito de la solidaridad, los cruceños han superado la prueba con decenas de voluntarios en las labores de rescate.

Siempre las tragedias enseñan. Que la del Málaga sirva para reestructurar todo el sistema departamental y nacional de fiscalización de la calidad de las edificaciones, en medio de un peligroso boom de la construcción. También que impulse de una vez la formación de un sistema de defensa civil más profesional y eficiente. Lo que no está en dudas ahora es el espíritu solidario del ciudadano.

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