Locura en la tierra de Maradona

Quien no habla de fútbol en Buenos Aires este domingo de clasificación de la albiceleste a cuartos de final es de otro planeta. La avenida 9 de julio y el Obelisco han sido  hasta entrada la medianoche el epicentro de la euforia argentina, que se ha extendido durante varias horas por las plazas y calles de todo el país. Tras el pitazo final del árbitro del partido Argentina-México, miles de porteños se han vuelto locos con el triunfo de su selección. Un taxista subido con su pequeña hija en el techo de su auto y un anciano semidesnudo en el frío atardecer bonaerense, cargando un cartel que reza el texto “Viva Argentina Carajo”, son dos de los testimonios más singulares de esta locura que envuelve a una nación que ama el fútbol y a su mayor símbolo: Diego Armando Maradona.

Caras pintadas de celeste y blanco, bocinazos de camiones y vehículos de todo tipo, vuvuzelas que no paran de sonar, tambores, pitos, sirenas y fuegos artificiales, han vuelto a darle al Obelisco el clima de celebración de otras gloriosas jornadas. Adornado con una gigantesca réplica de la Copa del Mundo y una camiseta inflable con el número 10 de la selección, el tradicional punto de encuentro de las celebraciones argentinas ha recogido el júbilo de fanáticos que saltan y alternan cánticos dedicados a sus mayores rivales, no sólo en el fútbol, sino en otros ámbitos. “Ya lo ve, ya lo ve, el que no salte es un inglés”, ha sido uno de los estribillos más escuchados. ”Hay que saltar, hay que saltar, el que no salte es un alemán”, es otro de los cánticos que brotan de las eufóricas gargantas albicelestes, en directa alusión a los próximos rivales de la selección de Messi, el próximo sábado en los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica.

Entre el “Vamos, vamos, Argentina, vamos, vamos a ganar”, y el “Volveremos a ser campeones como en el 86”, miles de hinchas también le han dedicado cánticos de homenaje a Diego Armando Maradona. A otro entrenador que le han cantado pero para burlarse es a Lavolpe, por sus palabras de aliento a México antes del partido por los octavos de final.

En los cafés, en las librerías, en los restaurantes y hasta en las puertas de los teatros de la capital bonaerense, sólo se habla de la clasificación de la selección. Casi todas las opiniones apuntan que ha sido un partido más tranquilo que todos los anteriores, pero que se necesitan corregir errores desnudados por México en la segunda parte del juego, cuando la albiceleste cedió a favor de los aztecas el control del balón.  Tal vez se debió poner antes a Pastore y Bolatti para que administren mejor la pelota en el medio, comenta un comerciante. Hemos demostrado que Argentina no es sólo Messi, complementa el chofer de un taxi, quien espera que esta semana Maradona resuelva algunos problemas en la defensa albiceleste para enfrentar a rivales con delanteros más peligrosos como los alemanes. Buenos Aires respira a estas horas fútbol en todos sus rincones y volverá a paralizarse antes del mediodía del próximo sábado como ocurrió este domingo, cuando hasta el personal de migración del aeropuerto de Ezeiza relajó sus controles de los viajeros para escuchar por radio el triunfo de su selección.

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