Lo que se gasta en armas militares

¿A quién le interesa que haya guerras en el mundo? Indudablemente que a la industria bélica. Los fabricantes de armas tienen una influencia cada vez más creciente, si se toma en cuenta los últimos datos sobre los presupuestos militares. En este sentido, el informe anual del Instituto Internacional de Estudios para la Paz (Sipri) aporta cifras reveladoras sobre los gigantescos montos económicos que se destinan a reforzar el poderío de las fuerzas armadas de los países del planeta. Sorprende, por ejemplo, que el continente americano sea el que tuvo el año pasado el mayor gasto en armamento, sobre todo por la presencia de EEUU, con el 43% del presupuesto mundial ($us 661.000 millones). América Latina dispuso de $us 51.800 millones para armas, es decir; un 7,6% más que en 2008. ¿Cuánto se puede hacer por el desarrollo de los más pobres del planeta con esos recursos? Seguramente bastante, pero qué paradoja. Mientras millones de seres humanos siguen muriendo aún en nuestros países por el hambre, sus gobiernos se dejan seducir por la carrera armamentista. El estudio de Sipri precisa también cuáles son los Estados del vecindario que han priorizado la compra de armas, lo que puede desnudar las intenciones, tal vez ocultas, de consolidar por la vía del poderío militar la hegemonía en el continente. Contrariamente a lo que se creía, no es Venezuela el país que más se ha armado últimamente, sino Brasil, Colombia y Chile. En realidad, el Gobierno de Chávez disminuyó el año pasado su gasto militar y su nación quedó en el quinto lugar. ¿Y cuánto se gasta en armas en Bolivia? El informe omite la información del presupuesto bélico boliviano, lo mismo que el paraguayo. En tal contexto, urge, inicialmente, conocer esta información ya difundida por las otras naciones del continente, puesto que en Bolivia el dato del volumen de recursos destinados al funcionamiento y la dotación de armas a las FFAA parece manejarse como secreto de Estado. Seguro que será insignificante, comparado con las monumentales cifras mencionadas, pero se requiere transparentar esta información de interés público. Siendo tan minúsculo el tamaño del aparato militar boliviano, resulta imperioso preguntarse si vale la pena mantener el rol actual de la institución castrense y si es o no mejor reajustar el presupuesto para otras prioridades, como la lucha contra la pobreza. Por lo demás, es reprochable la doble moral de presidentes que se llenan la boca con discursos pacifistas, pero que en los hechos siguen armando a sus militares para causar muerte.

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