La “farandulización” de la campaña política

Foto: http://www.eldia.com.bo

A exactamente un mes de una nueva votación en Bolivia, para elegir autoridades en cada región, la campaña tiene un rasgo cada vez más dominante: su farandulización. Hace tiempo que a la política se la comprende como un espectáculo, por lo que la mayoría de frentes y agrupaciones se esfuerzan en realizar un adecuado marketing electoral de sus candidatos, como productos que deben ser colocados en el complejo mercado de los votantes. Por eso deben mostrarlos con los mejores atributos posibles y esconderles sus debilidades. Para lograrlo, no escatiman inversiones en propaganda y evitan someterse al examen de los medios de comunicación que les exigen verdaderas respuestas a los problemas de la región y de la ciudad. En realidad, cuando aparecen, prefieren hacerlo en los espacios en los que encuentran ciertos niveles de condescendencia.

En este momento Santa Cruz tiene dos grupos de candidatos a la Gobernación y a la Alcaldía. Están los que simplemente buscan hacerse conocer, sin la mínima posibilidad de acceder a la función pública, ya que carecen de aparato y de recursos. Son los que se han lanzado a una aventura política y que improvisan su presencia en la competencia, sin siquiera tener un folleto decente de su hoja de vida, y que están condenados a perder sus siglas o recibir una multa. En la carrera electoral sólo meten ruido, por lo que es necesario que en el futuro se apruebe una nueva ley electoral con mayores exigencias para evitar tanta improvisación que le quita seriedad a la pugna democrática. Por el otro lado están los candidatos que tienen reales posibilidades de ganar las elecciones o, al menos, conseguir espacios en la Asamblea Departamental o en el Concejo Municipal, ya que cuentan con estructura y recursos.

A este segundo grupo se le debe exigir con mayor rigor una explicación clara de sus propuestas y programas en lo que queda de este corto proceso electoral, que hasta el momento ha sido pobre, pues los frentes han concentrado sus actividades en la propaganda. Es decir, el esfuerzo mayor se ha dirigido a posicionar slogans, reforzar consignas, armar grandes caravanas, inundar la ciudad de banderas y conseguir el mayor impacto mediático con llamativas alianzas jamás pensadas. En la campaña local se vuelve a repetir la preocupante tendencia de incurrir en la apología del transfugio y la frívola actitud de exponer adhesiones de personajes de la farándula. No prevalece ahora la mejor idea o la propuesta más seria, sino qué candidato tiene la caravana más larga, la música más atractiva o la miss más linda. La otra consigna es quién suma a sus filas al mejor activista promovido por algún programa de televisión.

La campaña requiere un giro de 180 grados. Para que la democracia se enriquezca y la política local gane algo de jerarquía, hay que exigir a los candidatos más información que propaganda. El elector requiere con urgencia saber qué político es el más creíble y si hay o no un proyecto coherente de gobierno de su región y de su ciudad. Sólo así se podrá votar usando la cabeza y no el corazón o el hígado.

Anuncios

Un comentario en “La “farandulización” de la campaña política

Los comentarios están cerrados.