A quién ayuda el voto en blanco

j0438842De Tuffí Aré Vázquez para la edición de Usted Elige, del lunes 26 de octubre, en EL DEBER

“Como está ahora la campaña, da ganas de votar en blanco”. Esta frase de una periodista sintetiza el sentimiento de decepción de un considerable segmento de los electores con la calidad de la oferta de los ocho binomios. No menos son los que piensan anular su voto o los que prefieren no asistir a las urnas para castigar a los políticos que derrochan sus energías en el desprestigio recíproco. Entre un 10 a 15 por ciento de los votantes tendría decidido no apoyar a alguno de los ocho candidatos presidenciales, según las encuestas. Si se suman éstos al promedio de ausentes de las elecciones, cerca de un millón de votantes rechaza a los políticos que buscan su apoyo.

¿Se justifica este hastío? ¿A quién beneficia el voto en blanco o el nulo? ¿Se puede revertir la percepción de los ciudadanos que piensan que los candidatos no merecen su respaldo? Ensayaremos algunas respuestas.

En primer lugar, es cierto que pese a que en Bolivia se respira política casi todos los días, un importante sector de la población está ya cansado de la confrontación. La falta de renovación de la clase política es otra causa del hastío. El bombardeo propagandístico gubernamental provoca más desorientación que claridad. La oposición tampoco seduce, por su falta de convicción y por la carencia de estrategias para revertir la sensación de que ésta es una elección prácticamente resuelta a favor del Presidente. En conclusión, es una campaña monótona, con pocas variantes, e indiscutiblemente mediocre. Para ser más concreto: al oficialismo le sobra proselitismo y a la oposición le falta.

Es cierto que muchas veces se ha votado contra alguien en vez de a favor de alguien. Los próximos comicios no serán la excepción. Muchos pueden votar más por lo que transmite  el corazón que por lo que recomienda el cerebro. Es por eso que los principales candidatos no dudan en identificar a sus mayores adversarios y en descargar su artillería sobre ellos. Lo peligroso es que vaya creciendo la sensación de bronca ciudadana y que se termine castigando a todos.

Evidentemente, votar en blanco o nulo es una opción más que ofrece la democracia. Es el recurso que usan los descontentos para expresar su protesta contra la pobreza de la oferta electoral y contra el sistema. Algunos creen que no concurrir a las urnas o no votar por alguien son recursos que descargan en otros la culpa de una mala elección. Sin embargo, es cómoda la posición de dejar a los demás la responsabilidad de las decisiones políticas.

Si bien un elector tiene el derecho de no votar por alguien, debe saber que esa opción al final resulta beneficiando al que obtiene el primer lugar, ya que el sistema de escrutinio sólo contabiliza los votos válidos. No obstante, si la cifra de los descontentos es alta también servirá para transmitir a los próximos gobernantes y asambleístas el mensaje de que no se sienten representados.

Sin embargo, se puede revertir este sentimiento de bronca hacia la campaña y los candidatos. A más guerra sucia mayor desilusión del electorado. Por eso, la primera acción debería apuntar a abandonar paulatinamente este recurso. Otra urgencia es la del debate programático. No se pude seguir insistiendo sólo en el bombardeo propagandístico unilateral, ya que la población necesita recibir información clara y descontaminada. Obviamente que estas dos propuestas parecen inalcanzables, ya que a algunos candidatos les conviene más mantener sus ofertas entre las sombras que transparentar la discusión de sus propuestas, si es que las tienen.

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