Anamar y sus primeros tropiezos

Foto: www.aplp.org
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La ex Defensora del Pueblo, Ana María Romero de Campero, ha comenzado a sentir los primeros sinsabores de la política boliviana. Era previsible que sea receptora de críticas en una campaña electoral que se perfila como muy dura.

Y los ataques a su impecable figura provienen no de sus errores, sino de los del Gobierno, al que representará con su candidatura a primera senadora por La Paz en el MAS.

La señora Ana María ha encontrado cuestionamientos desde algunos medios de comunicación por su silencio en relación al ataque que recibieron un periodista y un camarógrafo de Unitel de parte de policías, en un operativo cargado de excesos. Hasta ahora no se identifica a los autores de los disparos contra un equipo de prensa, pese a que el Gobierno conocería quiénes dieron rienda suelta a este abuso contra la libertad de expresión.

Apelando a la condición de periodista de Anamar, algunos medios insisten en que la ex Defensora debe pronunciarse cuanto antes y exigir al Gobierno que aclare este hecho.

Se sabe que Ana María Romero ha sido la artífice de una reunión de las organizaciones de prensa del país con el ministro de Gobierno, Alfredo Rada. La destacada periodista, que ahora es candidata por el MAS, también estaría presionando para que se investigue y se dé con los autores del brutal ataque a los periodistas de Unitel, lo que ya le estaría ocasionando de manera prematura algunos anticuerpos en el seno del Gobierno.

Es de esperar que la actuación de la señora Ana María Romero en el seno del MAS sea efectiva, considerando su prestigio y credibilidad. Evo Morales siempre ha mostrado que respeta a la ex Defensora y consideró su postulación como una señal de que se quiere tener en el futuro Gobierno un puente entre el oficialismo y la oposición.

Anamar es consciente que enfrenta las primeras dificultades en la compleja actividad política, en la que hay más riesgo de perder la buena reputación que de ganar más de lo que ya consiguió. Romero tiene un reto difícil: darle calidad a la deteriorada política y otorgarle al MAS una garantía de respeto a los derechos humanos, tan venidos a menos en este tiempo.

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