La Fiscalía y sus idas y vueltas con el fútbol

Foto: Diario El Deber
Foto: Diario El Deber

Hace dos semanas el Fiscal del Distrito, Jaime Soliz, denunció un supuesto complot contra Blooming. Lo hizo posiblemente para salvar la responsabilidad de los organizadores y de los encargados de la seguridad del primer partido por la Copa Sudamericana entre la Academia cruceña y el equipo uruguayo de River Plate. Su afirmación sonó poco seria. La supuesta prueba de semejante hipótesis de la primera autoridad del Ministerio Público era un correo electrónico que recibió de alguien anónimo, que atribuyó el escándalo del golpe de un hincha a un futbolista uruguayo a una iniciativa de algún extranjero que llegó al estadio para instruir que se perjudique a Blooming.

La conjetura del Fiscal incluso tocó la imagen de River Plate, por la sospecha que se alimentó inicialmente desde algún medio de comunicación sobre este club. Tampoco se descartó que el probable complot que imaginó Jaime Soliz venga de algún rival de los celestes. Fue tan poco seria su revelación, que se cayó al corto tiempo. Se derrumbó apenas unas horas o días después de conocerse de la multa de $us 10.000 a Blooming y de la reclusión del joven hincha Juanito Rivero en un centro de salud mental.

Superado el bochorno, se aflojó el debate de este problema de inseguridad en el estadio, sin responsables en la Fiscalía ni en la Policía, y el problema pasó al olvido hasta el último clásico entre Oriente y Blooming.

Sobrevino entonces un nuevo escándalo en el principal estadio departamental, con el planchazo criminal que le propinó Sergio Jáuregui a un jugador de Oriente Petrolero, cerca de uno de los camarines. El defensor bluminista huyó del Tahuichi apenas se enteró de que los fiscales lo estaban buscando. Algo pasó horas después para que la gente del Ministerio Público afloje su inicial firmeza en la búsqueda del jugador.

Sergio Jáuregui logró con su presencia en los medios de comunicación y en el hospital donde estaba la víctima de su patada cambiar a su favor parte de la opinión pública y, también, posiblemente la actitud inicial de la Fiscalía. No se sabe si al final el Ministerio Público lo citó o no a declarar en el marco de la denuncia en la justicia ordinaria planteada por la dirigencia de Oriente. Lo cierto es que el jugador agresor parece haber arreglado por el momento esta situación desfavorable con una disculpa y una visita la tarde del lunes pasado a la Policía y a la Fiscalía. Según las versiones de prensa, se presentó voluntariamente y se abstuvo de declarar. Otras versiones indicaban que había sido citado por el caso para que esté el martes. Lo cierto es que Jáuregui no sólo se fue de Bolivia, sino que integra la delegación oficial de Blooming que jugará el jueves con River Plate en Uruguay.

Pero lo que llama la atención en este tema son las idas y venidas de la Fiscalía, independientemente del debate acerca de si este caso se tiene que tratar en la justicia ordinaria o en la deportiva.

Fueron sorprendentes las declaraciones del fiscal Joadel Bravo que, después de haber buscado a Jáuregui en el estadio el día de la agresión, se mostró manso como una paloma 24 horas después. “El acto de Jáuregui de disculparse muestra su caballerosidad”, le dijo a los canales de TV, a tiempo de señalar que no correspondía su detención pues estaba acusado de lesiones leves contra el jugador Medina, que tiene 12 días de impedimento. Alguien comentó en tono irónico que el fiscal Bravo hasta parecía el abogado defensor de Jáuregui y no la parte acusadora.

Pero más sorprendente es la declaración última del fiscal Soliz en el progama No Mentirás. En una línea diferente a la de su subalterno, la máxima autoridad del Ministerio Público dijo que se debió imputarle a Jáuregui el delito de tentativa de homicidio, es decir, una acusación por la que hay cárcel casi segura. ¿Qué puede decir ahora el fiscal Joadel Bravo ante semejante afirmación de su superior? Habrá que esperar.

Pero Soliz no se quedó sólo ahí. Denunció graves fallas de seguridad en el clásico, con el fomento de actos vandálicos entre las barras bravas y con la sobreventa de entradas por parte de los organizadores. O sea, ¿los fiscales que fueron asignados al estadio para el partido de alto riesgo del pasado domingo no pudieron intervenir para evitar estas irregularidades? El hombre fuerte del Ministerio Público no sólo está alertando sobre anormalidades después de los hechos, sino que admite la propia ineficiencia de su personal y del que cuida la seguridad de hinchas, espectadores y futbolistas.

Por si fuera poco, en las últimas horas el jugador de Oriente Marcelo Aguirre fue identificado como uno de los futbolistas verdolagas que atacó violentamente a un joven hincha de Blooming y Soliz anunció que intervendrá de oficio para castigar semejante abuso que tiene prostrado en el hospital al afectado.

La gota está rebalsando el vaso. La violencia en el fútbol y la falta de sanciones amenazan peligrosamente con provocar un descontrol absoluto. El problema se complica más con la conducta poco firme de las autoridades, que reaccionan sólo por la presión de la opinión pública y que cambian fácilmente de postura, como se lo ve en estos hechos recientes.

Anuncios