El corazón gigante de la ‘Brujita’ Verón

Foto: AP - Daniel Luna
Foto: AP - Daniel Luna

El fútbol es bello porque tiene jugadores como Verón. Y vaya que nos hace falta tener el embrujo de la ‘Brujita’ no sólo en este apasionante deporte, sino en cualquier actividad del ser humano. Es que nadie regala el éxito. Cada logro se trabaja. Y Verón simboliza eso: lucha, sacrificio, esfuerzo y éxito.

Esa es la enseñanza que deja Juan al ganar con Estudiantes la final de la Libertadores. Se lo dije a mi colega Roberto Aguirre antes de que comenzara la final en Belo Horizonte. “Esta Copa es del Pincha. El jugador argentino siempre se agranda en una final, mucho más de visitante. Es de raza guerrera. En cambio, el brasileño puede jugar bonito, pero muchas veces se arruga en los momentos cruciales. Mi apuesta es por Estudiantes”. Y así fue. Estudiantes es el nuevo rey de América, y se puso la corona nada menos que en tierras brasileñas.

Lo que vimos la noche del miércoles fue simplemente grandioso. Un campeón de la Libertadores, a la cabeza de un caudillo: Verón. Es que muchas veces funciona nomás la fórmula mágica “jugador-hincha”. En realidad, marca la diferencia. El jugador debe amar su camiseta, ser hincha de ella. Y Estudiantes fue más que Cruzeiro por eso que se llama corazón. Talento sobraba en los dos equipos. Pero el plus, lo que se llama diferencia, es esa virtud que muchas veces escasea: mística, sacrificio. Y eso le sobró al Pincha en el Mineirao, de la mano de un hombre que derrocha esfuerzo en cada milímetro de la cancha, en cada paso de su tránsito por el césped: La ‘Brujita’. Vaya que Verón contagia guapeza a todos sus compañeros.

El pelado no escatima esfuerzo en el sector de la cancha en la que esté. Pasadito de la edad convencional para jugar fútbol profesional (o sea viejo), corre más que un chiquillo de 18 años, defiende, pega cuando tiene que pegar, administra la redonda como quiere, la distribuye casi siempre con precisión, ataca con la furia del que quiere ganar y marca los goles que sus seguidores le piden. Un crack completo, un macho del fútbol.

Su conducta en el Mineirao la noche gloriosa del miércoles inspira a cualquier ser humano. Su llanto se explica por los antecedentes de su relación con el club de La Plata. Verón aprendió a jugar así como juega en el ‘Pincha’, hace más de 15 años, cuando debutó con la camiseta de su equipo amado, en el que admiró a su padre Ramón Verón, aquel otro grandioso jugador de Estudiantes que en 1971 jugó otra final de la Libertadores con ese equipo, que no pudo ganar. Pero esta vez le tocó a la ‘Brujita’ saldar la deuda de su progenitor. El ‘Pincha’ es campeón de América, como era el deseo manifestado hace una semana por su padre.

“Quiero jugar una final como vcs”, le había dicho el hijo a su gestor, antes de la gloriosa noche de Belo Horizonte. Y cumplió su deseo. No sólo la jugó, sino que la ganó, sumando la cuarta copa continental a la vitrina del club de La Plata. Y vaya que tienen razón los que dicen que el fútbol es una carga de emociones, que tiene mucho de psicología. Es estado de ánimo. Lo ocurrido en la final de la Libertadores lo confirma. Horas antes del juego, el DT de Estudiantes mostró un motivador vídeo a sus muchachos en el que aparecían parientes, hinchas, todos los que aman a este equipo, convocando al triunfo. Eso explica en parte porqué vimos en la transmisión de Fox once guerreros, más que once simples futbolistas. “Si no podemos ponernos el frac, pongámonos el overol”, había dicho minutos antes el entrenador Sabella.

Y se lo tomaron muy en serio. Verón y sus compañeros dejaron el alma en la cancha. Porque el talento no alcanza si no hay corazón. Aprendamos todos de la Brujita y los campeones del Pincha. Y que aparezca al menos por lo menos un Verón en el fútbol boliviano, en nuestras empresas, en nuestras instituciones.

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