Daddy Yankee: ¿salud, show o intereses?

Nadie puede cuestionar cualquier iniciativa dirigida a frenar la feroz arremetida de la gripe A en Santa Cruz y en el país. Si la suspensión de los conciertos ayuda, pues que se lo haga. Si un paro nacional de cuatro días contribuye, bienvenido. Sin embargo, no parece haber en algunas de las iniciativas tomadas por autoridades locales y nacionales la suficiente reflexión y planificación de medidas para impedir los desastres causados por la pandemia.

La  muestra más clara es

Foto: www.daddyyankee.com
Foto: http://www.daddyyankee.com

 la reciente suspensión del concierto del reaggetonero Daddy Yankee, que deja un ligero sabor de injusticia. No sé si hubo un adecuado y cuidadoso análisis del fiscal Jaime Soliz y de las autoridades municipales, sobre todo de la intendencia (piloteada por Gary Prado, que ayudó en la fallida organización del show de Marc Anthony) en la decisión de frenar el espectáculo del próximo sábado 11. No quiero pensar que una mano dañina o intereses oscuros motivaron esta polémica determinación, que provocará un daño económico cuantioso en los inversionistas que apostaron a este emprendimiento, una decepción masiva en los fans cruceños de Daddy Yankee y un golpe a la imagen del propio país (los músicos ya están en el territorio boliviano), por las idas y vueltas de las autoridades.

No conozco a Jean Paul Flores, uno de los que organiza el concierto del reaggetonero, pero me apena que sufra lo que parece una injusticia. Hace dos semanas este empresario de espectáculos hizo notar que tomaba todas las precauciones para que la gente asista al show en plena arremetida de la pandemia. Flores fue el único que anunció hace 15 días  la compra de barbijos y de alcohol en gel para cada asistente al concierto del próximo sábado. Tenía el permiso del Sedes y de todas las autoridades del área para esta actividad. En pocas palabras, cumplió, como nadie antes lo hizo. Y le costó no sólo tiempo, sino dinero, un importante desembolso en más de 30.000 barbijos importados de Brasil.

Y es aquí donde queda la sensación de injusticia. El fiscal y el intendente no dijeron nada sobre el desastrozo concierto de Marc Anthony, pero ahora tumban el emprendimiento de unas personas que intentaron hacer bien las cosas. ¿Lo hacen realmente por preservar la salud de la gente? ¿Lo hacen sólo por figurar? ¿Lo hacen impulsados por algún otro interés? Son preguntas que debemos hacernos. Lo deseable es que lo hagan por cuidar a la gente.

En todo caso, si lo hicieron por defender la salud de la gente bueno sería que por ejemplo todos los días del año muestren el mismo empeño en cuidar la calidad de la comida que se vende en los restaurantes de la ciudad. Justo sería que vigilen la calidad de los productos de los mercados. Oportuno sería que impidan la venta de licores a menores de edad. Eso es cuidar la salud de la ciudadanía.

Si quieren ser justos, algunas señales serían que apliquen con el mismo rigor sanciones para los que defraudan al público con espectáculos mediocres y que exigan medidas de prevención a las iglesias, a los cines, a los locales nocturnos, a los estadios y a todos los espacios de concentración masiva. Es que la gripe A no sólo puede afectar a los reaggetoneros.

Y si se trata realmente de cuidar la salud de la gente, una conducta coherente de las autoridades gubernamentales y departamentales sería la de dotar de los suficientes ítems a los hospitales y de reforzar la calidad de sus servicios. Es una paradoja que se suspendan conciertos pero que no se frenen los paros de los trabajadores de los nosocomios en pleno tiempo de ataque de la pandemia. Incoherencia total. ¿Dónde están el fiscal Soliz y las autoridades cuando paran los hospitales? Eso es un atentado real contra la salud.

Lo cierto es que lejos de dar certidumbre a la población, la conducta de las autoridades sólo han aumentado la incertidumbre. Están en problemas los ciudadanos y pasan apuros los inversionistas, a quienes les cambian las reglas del juego de la noche a la mañana. Lamentable para la gente que ya perdió su inversión por estas medidas escasamente meditadas y para el propio país que sufre un desgaste y una caída de su credibilidad internacional.  

¿Qué turista tendrá deseos de venir al país? ¿A qué artista le interesará llegar a Santa Cruz? Evitemos primero las injusticias. Si se aplican normas, que alcancen a todos los rubros y a todas las regiones de Bolivia. Pero, ante todo, que prevalezca la responsabilidad y la prudencia, más que el afán de aparecer en las primeras planas de los periódicos para satisfacer el afán de figuración. Grave sería descubrir que detrás de estas medidas hayan intereses económicos. Al final, no sólo algunos inversionistas terminarán perdiendo sus recursos. En realidad, todo Santa Cruz puede terminar perdiendo por las torpezas de las autoridades.