La última partida de Pedrito Ckentakanchari

por Juan José Toro Montoya, director del diario El Potosí

A las 20:45 del lunes 21 de agosto de 1971, el general Juan José Torres Gonzáles salió del palacio Quemado acompañado de dos de sus edecanes que vestían trajes de campaña y portaban armas automáticas. Abordó el automóvil presidencial, que estaba con los motores encendidos, y enfiló hacia la Embajada del Perú. Atrás, en el tantas veces mancillado edificio, se quedaban, como dueños y señores de Bolivia, los coroneles Hugo Bánzer Suárez, Jaime Florentino Mendieta y Andrés Selich.
El golpe se gestó en Santa Cruz, se ejecutó en La Paz y sus efectos se extendieron en el país con la rapidez de un virus mortal. La derecha tomó abusivamente todas las instituciones estatales y las alcaldías, intervino medios de comunicación social, cerró universidades y sindicatos.
Dulfredo Retamozo Leaño, que por entonces tenía 33 años, fue uno de los más afectados porque, además de ver caer a la democracia, sentía en carne propia el usufructo de las radios potosinas, en las que él trabajó, y el cierre de la universidad en la que obtuvo el título de abogado.
Era alcalde de Potosí nombrado por el propio Torres así que sus horas estaban contadas. Apenas tuvo tiempo de sacar de su despacho el retrato de Pedrito Ckentakanchari y marchar apresuradamente a su casa en el número 148 de la colonial calle Quijarro.
Dejar la Alcaldía no era suficiente. Los primeros reportes del golpe hablaban de 27 muertos y más de un centenar de heridos así que había razones para temer por su vida.
Aunque su amada Lilian estaba junto a él, es difícil imaginar lo que debió sentir al dejar su querido Potosí. Allí nació, creció y, como se dice en estas alturas, “se hizo gente”.
Nació el 6 diciembre de 1938 en el matrimonio formado por Fortunato Retamozo y Josefa Leaño. Como la mayoría de los buenos potosinos, estudió en la escuela José Alonso de Ibáñez. Hizo su bachillerato en el colegio José Ignacio Sanjinés, el que funciona por las noches en el edificio del Pichincha.
Optó por estudiar de noche porque aprendió a trabajar desde temprano. La radio lo había conquistado tanto como Lilian con quien se casó en el templo de San Martín ni bien llegó a la mayoría de edad.
Al amor por Lilian y la radio se sumó el teatro.
Con su carisma y gracia naturales, creó un personaje con nombre difícil pero chistoso: Pedrito Ckentakanchari, un campesino que migró a la ciudad y se adaptó a ella a su modo.
Pedrito fue, con sus matices, el antecesor de Charanguito, el siempre recordado personaje de Peter Travesí.

PEDRITO Y COSUCHI
Al escuchar las grabaciones de la época, lo primero que llama la atención es que el timbre de voz de Retamozo permite formar una imagen mental de su personaje: alto, fornido, de ojos vivaces y sonrisa presta. Aunque Pedrito Ckentakanchari no era un hombre instruido, sí tenía una gran inteligencia. Hacía pareja con un supuesto cruceño, Cosuchi Parada, el personaje interpretado por el también fallecido Freddy Vidovic Ayala que fue el blanco eterno de sus ocurrencias.
“¿How are you?”, le saluda Cosuchi y Pedrito responde con una súplica: “no me digas jaguar, hermano, dime rotario, león, dime lo que quieras pero no jaguar”.
Las diferencias de cambas y collas se convertían en chiste en las conversaciones de Pedrito y Cosuchi.

—Ahora estáj en mi Santa Crú. Con ejta calor por lo menoj te bañaráj, ¿no?
—Pero cómo puessss..
—Claro, puej, con tanta calor tendráj que bañarte.
—La primera vez que me han bañado cuando era guagüita, hermano, mestoy ricordando, mi ha causado una impresión grande. Ti joro, hermano. Mi impresionado con mi primer bañoooo…
—Ah, bueno, la primera véj siempre es así pero… ¿la segunda?
—¿La segunda?
—Sí, la segunda… ¿qué te pasó?
—No sé qui me pasará, hermano…

El camba siempre terminaba renegando y el público riendo. “No me hagáj renegar, no me hagáj renegar”, le pedía Cosuchi pero era él quien propiciaba el siguiente chascarrillo.

—¿Te acordáj el papelón que hiciste en la Guerra del Chaco?
—¿Qui te han contado?, ¿mis hazañas?
—El papelón puéj, cuando te emboscaron..
—Pa que te lo sipas, hermano, en una noche oscora, muy oscora, mi teñente me manda con unos soldados para hacer un reconocimiento del terreno…
—¿En la Guerra del Chaco?
—Sí, pues… hemos caminado unos 500 metros y mi han dejado solo, hermano.
—¿Y que haj hecho, puej?
—Istaba caminando solito a oscoras cuando di pronto me encontrado con cuatro pilas
—¡Qué terrible!, ¿y qué haj hecho?
—Hey levantado las cuatro pilas y les hey puesto a mi lenterna…

Pese a sus disputas públicas, Pedrito y Cosuchi eran inseparables pero, cuando Retamozo recibió el encargo de administrar la Alcaldía potosina, el cchulu debió guardarse en una petaca. El golpe hizo el resto.

EL MAESTRO
El tiempo borró a Pedrito de la mente de los potosinos pero, años después, una imagen muy diferente apareció en La Paz.
Era el mismo Dulfredo Retamozo pero ya no enfundado en el disfraz de campesino potosino sino en el sobrio traje del maestro universitario.
Vuelto de Bélgica, donde se especializó en periodismo radiofónico, había sepultado definitivamente cualquier afán político y se volcó por entero a la enseñanza.
Ya sin su Cosuchi Parada, que se quedó en Potosí a hacer radio hasta su muerte, Retamozo no volvió a encarnar al entrañable Pedrito Ckentakanchari pero asumió definitivamente su vocación de maestro.
Y no fue un maestro cualquiera sino que se dedicó a formar periodistas. Enseñó en la UMSA, pero la Universidad Católica San Pablo fue la que lo tuvo más tiempo y lo encumbró al cargo de vicerrector.

 Aprovechó esa condición para ejecutar un programa piloto de educación a distancia con el propósito de profesionalizar a los periodistas empíricos. No llegó a cumplir su cometido, porque la Federación Nacional de la Prensa rompió unilateralmente el convenio, pero alcanzó a profesionalizar a varios en su especialidad, el periodismo radiofónico.

 La Universidad Salesiana también se preció de tenerlo en su planilla y, al igual que la “Cato”, lo hizo vicerrector. Fue uno de los impulsores de la Universidad Policial y, sin haber olvidado jamás a su tierra, le dedicó un libro.
Las generaciones de periodistas que se formaron bajo su égida jamás habrían podido conciliar la imagen de aquel docente sereno con la del indiecito de humor explosivo que hizo desternillar de risa a Potosí.
Mientras Pedrito Ckentakanchari era tan ignorante que jamás se metería a Mister Universo “porque pagan muy poco”, el catedrático Dulfredo Retamozo era toda una enciclopedia. Al asumir su nueva función, el campesino que hacía rabiar al camba Parada con respuestas tiradas de los cabellos mutó en el educador que nunca dejó en el aire las preguntas de sus alumnos.
Cuando murió, a la edad de 71 años, cientos de periodistas sintieron su partida y no faltaron quienes dieron rienda suelta al llanto recordando al maestro que se convirtió en su modelo.
En Potosí, donde la Federación de la Prensa le rindió homenaje hace tres años, no se lloró tanto al maestro de periodistas como al Pedrito Ckentakanchari que, ante la majestad dolorosa de la muerte, volvió a la mente de los septuagenarios que lo recordaron en el tablado, junto a Cosuchi Parada, dando lecciones de bolivianismo y haciendo reír a un pueblo que no sospechaba que se le venía un oscura época de dictaduras militares.
Los jóvenes, aquellos que nacieron después del negro período castrense, lo conocieron cuando las grabaciones resucitaron la voz que motivaba la risa nada más de oírla.
Entonces supieron que Pedrito Ckentakanchari era amigo del camba Cosuchi Parada y, en la ficción, se casó con una mujer tan pero tan gorda que, cuando el sacerdote le preguntó si la aceptaba como esposa, él tuvo que decir “sí” diez veces.
Desgraciadamente lo conocieron muy tarde, cuando Cosuchi Parada, que en realidad era tan potosino como el Cerro Rico, ya llevaba años de muerto, y cuando se enteraron que Pedrito Ckentakanchari se volvió a marchar y esta vez para siempre.

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