Puntualizaciones sobre la crisis hondureña

Foto: AFP
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Como muchos hechos, el enfoque de la crisis hondureña por los actores interesados y por los medios de comunicación varía en función de diversos intereses. Me permito realizar precisiones y enumerar medias verdades para puntualizar luego hechos irrefutables.

MEDIAS VERDADES (O SEA FALSEDADES)

1.- No fue golpe de Estado, fue suspensión del presidente Manuel Zelaya.

2.-En Honduras hubo una calma total tras el golpe de Estado.

3.-Todo país debe resolver con soberanía sus problemas políticos internos. La crisis ya fue solucionada por los poderes legalmente constituidos.

VERDADES

1.-El domingo pasado hubo un golpe de Estado en Honduras. El presidente Manuel Zelaya fue detenido violentamente en su casa y sacado en piyamas de su país. No hubo proceso judicial previo.

2.-La Corte Suprema “legalizó” la acción militar. El Parlamento convalidó luego el golpe mostrando una carta dudosa de renuncia del Presidente y sus ministros. Uno de los argumentos posiblemente falsos de la dimisión fue el de “motivos de salud”. Zelaya apareció en Costa Rica sano y algunos de sus ministros estuvieron presos. Si fueron renuncias voluntarias, no hubiera sido necesario detenerlos.

3.-No hubo calma, pero tampoco derramamiento de sangre. Hay movilizaciones a favor y en contra de Manuel Zelaya y del nuevo régimen de facto. La paz se conserva estos días con un estado de sitio.

4.-Los presidentes de casi todos los países del continente reaccionaron porque, ante todo, se cuidan las espaldas y no quieren ser golpeados, más que por tener una vocación democrática. Algunos defienden el voto que los llevó al poder, pero gobiernan de espalda a las minorías y a los otros poderes que deben actuar con independencia. Varios de ellos no dijeron nada sobre el denunciado fraude en la elección del presidente de Irán.

5.-Manuel Zelaya pretendía aplicar una encuesta no reconocida por los poderes y la institucionalidad. Es posible que buscaba luego imponer a la fuerza sus resultados, lo que generó una elevada desconfianza. Esto no justifica de ninguna manera la iniciativa de aplicar un golpe de Estado.

6.-Manuel Zelaya es el presidente constitucional y Micheletti el presidente de facto. Sin embargo, ambos perdieron la legitimidad y han polarizado Honduras. Cualquiera de los dos en el poder seguirá ahondando la crisis política de ese país y enfrentando a los hondureños.

7.-La OEA defiende los gobiernos elegidos por voto, pero no se pronuncia casi nunca sobre los excesos de algunos de ellos, que rayan en conductas de alcance dictatorial. Hay gobiernos constitucionales que han desgastado otros poderes como el Judicial y que acosan permanentemente al Legislativo, pero la entidad de José Miguel Insulza no dice nada.

8.-La decisión de algunos presidentes de acompañar a Zelaya a Tegucigalpa para que recupere el poder es provocativa y no solucionará la crisis. Se deben buscar otras salidas que disminuyan el riesgo de una gran confrontación que puede derivar en un derramamiento de sangre de los civiles.

9.-Las amenazas de Hugo Chávez de derrocar a Micheletti es una clara injerencia, un abuso, una impertinencia.

10.-La OEA fracasó con su ultimátum y sus amenazas contra el gobierno golpista. El régimen de Micheletti se adelantó estratégicamente con su decisión de salir de ese organismo, antes de que Honduras termine expulsada. Esto puede sentar un mal precedente. La OEA desgastará su rol de guardián de las democracias si no promueve una salida creativa a la crisis.

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La Iglesia patea el tablero en Honduras

Foto: www.elheraldo.hn
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La crisis política que vive Honduras desde antes y después del golpe de Estado del pasado domingo se complica cada día que pasa. Es previsible que la comunidad internacional endurezca sus sanciones y agrave el aislamiento de la modesta nación centroamericana hasta lograr que se restablezca el orden constitucional, roto por una acción militar, que es respaldada por las instituciones establecidas en ese país. Sin embargo, aunque es inminente la multiplicación de represalias contra el gobierno de facto de Micheletti, no se espera una salida inmediata a la ingobernabilidad de esa nación.

La última acción que complica el panorama es la intervención de la OEA en el problema, sin ningún resultado. Pero más complejo aún es el resultado del inédito pronunciamiento de la siempre poderosa e influyente Iglesia Católica en Honduras. Los jerarcas religiosos prácticamente le han dado un espaldarazo momentáneo a la salida que han encontrado el domingo pasado en Tegucigalpa las instituciones que aún siguen vigentes tras el golpe.

No hay dudas de que la posición del clero es altamente sorprendente y sin precedentes. Lo es porque mete el dedo en la llaga a la OEA, cuando cuestiona de forma directa su rol en este conflicto.  La Iglesia critica las medidas de la entidad dirigida por el chileno José Miguel Insulza, al considerar que son “unilaterales” y que se parecen más a las de un tribunal judicial, ayudando más bien a ahondar la pobreza de un país altamente polarizado.

Los jerarcas católicos han planteado también una crítica clave a la OEA. Creen que este organismo pone demasiada atención al respaldo a la “democracia en las urnas”, pero no realiza ningún seguimiento a posibles excesos de malos gobiernos que están en el poder por mandato del voto. Es decir, no entiende, no analiza, ni sigue los problemas o las causas reales que pueden haber originado una acción extrema e ilegal como fue el golpe de Estado. Por tanto, la OEA no aporta en la prevención de esos hechos condenables, sino que sólo reacciona, según interpretación de los obispos.

La Iglesia no justifica en su pronunciamiento la ilegalidad del golpe. Sin embargo, respalda llamativamente la salida institucional que se dio en Honduras el domingo pasado en el Parlamento, que terminó eligiendo a Micheletti.

También condena el hecho que la OEA no se haya pronunciado sobre las amenazas bélicas hechas posteriormente al golpe contra Honduras, en lo que parece ser una alusión indirecta a las advertencias de incursión armada hechas por el venezolano Hugo Chávez.

En otra parte de su comunicado, la Iglesia llama casi dramáticamente a Manuel Zelaya a evitar con su regreso al país un posible derramamiento de sangre por la extrema polarización. En realidad, casi que la Iglesia se juega por el nuevo estado de cosas en Honduras, lo que podría ser juzgado como una parcialización, en este caso con los intereses golpistas de un gobierno calificado de derecha.

Pero no es recomendable terminar juzgando a la Iglesia de esa forma por este pronunciamiento. Habrá que leer más en profundidad los alcances de su inédito pronunciamiento y los efectos que puede provocar no sólo en los niveles internos de esta importante institución mundial con sede en El Vaticano, sino también en las conductas de otros cardenales latinoamericanos, en la resolución de la propia crisis hondureña, en la credibilidad de la OEA y en el alcance de una relación cada vez más conflictiva entre los gobiernos de la línea chavista con los jerarcas católicos.

Es posible que la posición del clero hondureño encuentre rechazo en los propios sectores internos eclesiásticos. También puede reforzar una antigua idea de que la Iglesia, en vez de consolidar su viejo precepto de la opción preferencial por los pobres, se ha inclinado algunas veces por reforzar el status quo de la derecha o por defender los intereses de los poderosos.

Sin embargo, lo que no se puede negar es que el pronunciamiento apunta a evitar un innecesario derramamiento de sangre en Honduras, a contener la injerencia externa en la crisis política de ese país y a hacer entender a la comunidad interncional la nueva realidad que se vive desde el domingo pasado, antes que a aplicar sin razonamiento alguno medidas unilaterales duras que no sólo afectarán a un gobierno de facto sino, sobre todo, al conjunto de una población muy pobre.

La Iglesia ha sido también clara en señalar que en Honduras no hubo hasta ahora un solo muerto, pese al golpe de Estado y la profunda polarización política de la nación. Y hay que creerle, pues, pese a las críticas que puede recibir el clero, goza de una enorme credibilidad en la región.

Por último, hay nomás razones suficientes para intentar entender y escuchar el llamado y la posición de la institución católica, al margen del riesgo que está asumiendo en Honduras al jugarse por el reconocimiento de las instituciones vigentes después del golpe de Estado. Por lo que se ve, el rol de la Iglesia católica en realidades políticas complejas como la boliviana, la venezolana y ahora la hondureña es cada vez más trascendente. Habrá que esperar lo que pase en Tegucigalpa, por la semejanza de la problemática que tiene ese país con la de naciones polarizadas como Bolivia y Venezuela.

También habrá que esperar qué dice nuestro apreciado cardenal Julio Terrazas sobre el último pronunciamiento de su colega hondureño para saber si comparte o no sus argumentos.

Aunque algo tarde, mi último adiós a un gran “cate”

RetamozoLos últimos días del mes de junio pasado nos sorprendieron con la partida de otro grande. El doctor Dulfredo Retamozo se nos fue. Lo hizo a los 71 años, cuando aún tenía mucho para dar a las nuevas generaciones de comunicadores sociales, a las que entregó sin ahorrar energías todos sus años de prestigiosa carrera académica.

Me enorgullece decir que soy uno de los miles de estudiantes que pasaron por su amena cátedra, cuando me formaba como comunicador social en nuestra querida Universidad Católica Boliviana. Lo recuerdo por su calidad humana y por su capacidad enorme como docente de la materia de Relaciones Públicas. Ni qué decir como visionario, ocupando el cargo de Vicerrector de la UCB por mucho tiempo. Alto, siempre con sus grandes anteojos, el maletín en mano y sus ternos preferentemente de color oscuro, sobre todo cafés, llegaba al aula con una puntualidad inglesa.

Honesto y simpático, dictaba una clase participativa y divertida. Enseñaba con buen humor y exigía cuando tenía que exigir. Sus exámenes eran orales, para medir la capacidad de comunicar verbalmente bien.

Los pocos cambitas que nos metimos a estudiar en un siempre complicado medio para los jóvenes del oriente boliviano, encontramos en él en La Paz un gran respaldo para avanzar en la carrera. Como Vicerrector de la UCB, fue un hombre abierto a facilitar el trámite, en lugar de reforzar la siempre perniciosa burocracia. Se mostraba generalmente dispuesto a colaborar en lugar de poner trabas. Por todo esto y lo mucho que hizo por las nuevas generaciones de comunicadores sociales, gracias y hasta siempre doctor Retamozo.

La última partida de Pedrito Ckentakanchari

por Juan José Toro Montoya, director del diario El Potosí

A las 20:45 del lunes 21 de agosto de 1971, el general Juan José Torres Gonzáles salió del palacio Quemado acompañado de dos de sus edecanes que vestían trajes de campaña y portaban armas automáticas. Abordó el automóvil presidencial, que estaba con los motores encendidos, y enfiló hacia la Embajada del Perú. Atrás, en el tantas veces mancillado edificio, se quedaban, como dueños y señores de Bolivia, los coroneles Hugo Bánzer Suárez, Jaime Florentino Mendieta y Andrés Selich.
El golpe se gestó en Santa Cruz, se ejecutó en La Paz y sus efectos se extendieron en el país con la rapidez de un virus mortal. La derecha tomó abusivamente todas las instituciones estatales y las alcaldías, intervino medios de comunicación social, cerró universidades y sindicatos.
Dulfredo Retamozo Leaño, que por entonces tenía 33 años, fue uno de los más afectados porque, además de ver caer a la democracia, sentía en carne propia el usufructo de las radios potosinas, en las que él trabajó, y el cierre de la universidad en la que obtuvo el título de abogado.
Era alcalde de Potosí nombrado por el propio Torres así que sus horas estaban contadas. Apenas tuvo tiempo de sacar de su despacho el retrato de Pedrito Ckentakanchari y marchar apresuradamente a su casa en el número 148 de la colonial calle Quijarro.
Dejar la Alcaldía no era suficiente. Los primeros reportes del golpe hablaban de 27 muertos y más de un centenar de heridos así que había razones para temer por su vida.
Aunque su amada Lilian estaba junto a él, es difícil imaginar lo que debió sentir al dejar su querido Potosí. Allí nació, creció y, como se dice en estas alturas, “se hizo gente”.
Nació el 6 diciembre de 1938 en el matrimonio formado por Fortunato Retamozo y Josefa Leaño. Como la mayoría de los buenos potosinos, estudió en la escuela José Alonso de Ibáñez. Hizo su bachillerato en el colegio José Ignacio Sanjinés, el que funciona por las noches en el edificio del Pichincha.
Optó por estudiar de noche porque aprendió a trabajar desde temprano. La radio lo había conquistado tanto como Lilian con quien se casó en el templo de San Martín ni bien llegó a la mayoría de edad.
Al amor por Lilian y la radio se sumó el teatro.
Con su carisma y gracia naturales, creó un personaje con nombre difícil pero chistoso: Pedrito Ckentakanchari, un campesino que migró a la ciudad y se adaptó a ella a su modo.
Pedrito fue, con sus matices, el antecesor de Charanguito, el siempre recordado personaje de Peter Travesí.

PEDRITO Y COSUCHI
Al escuchar las grabaciones de la época, lo primero que llama la atención es que el timbre de voz de Retamozo permite formar una imagen mental de su personaje: alto, fornido, de ojos vivaces y sonrisa presta. Aunque Pedrito Ckentakanchari no era un hombre instruido, sí tenía una gran inteligencia. Hacía pareja con un supuesto cruceño, Cosuchi Parada, el personaje interpretado por el también fallecido Freddy Vidovic Ayala que fue el blanco eterno de sus ocurrencias.
“¿How are you?”, le saluda Cosuchi y Pedrito responde con una súplica: “no me digas jaguar, hermano, dime rotario, león, dime lo que quieras pero no jaguar”.
Las diferencias de cambas y collas se convertían en chiste en las conversaciones de Pedrito y Cosuchi.

—Ahora estáj en mi Santa Crú. Con ejta calor por lo menoj te bañaráj, ¿no?
—Pero cómo puessss..
—Claro, puej, con tanta calor tendráj que bañarte.
—La primera vez que me han bañado cuando era guagüita, hermano, mestoy ricordando, mi ha causado una impresión grande. Ti joro, hermano. Mi impresionado con mi primer bañoooo…
—Ah, bueno, la primera véj siempre es así pero… ¿la segunda?
—¿La segunda?
—Sí, la segunda… ¿qué te pasó?
—No sé qui me pasará, hermano…

El camba siempre terminaba renegando y el público riendo. “No me hagáj renegar, no me hagáj renegar”, le pedía Cosuchi pero era él quien propiciaba el siguiente chascarrillo.

—¿Te acordáj el papelón que hiciste en la Guerra del Chaco?
—¿Qui te han contado?, ¿mis hazañas?
—El papelón puéj, cuando te emboscaron..
—Pa que te lo sipas, hermano, en una noche oscora, muy oscora, mi teñente me manda con unos soldados para hacer un reconocimiento del terreno…
—¿En la Guerra del Chaco?
—Sí, pues… hemos caminado unos 500 metros y mi han dejado solo, hermano.
—¿Y que haj hecho, puej?
—Istaba caminando solito a oscoras cuando di pronto me encontrado con cuatro pilas
—¡Qué terrible!, ¿y qué haj hecho?
—Hey levantado las cuatro pilas y les hey puesto a mi lenterna…

Pese a sus disputas públicas, Pedrito y Cosuchi eran inseparables pero, cuando Retamozo recibió el encargo de administrar la Alcaldía potosina, el cchulu debió guardarse en una petaca. El golpe hizo el resto.

EL MAESTRO
El tiempo borró a Pedrito de la mente de los potosinos pero, años después, una imagen muy diferente apareció en La Paz.
Era el mismo Dulfredo Retamozo pero ya no enfundado en el disfraz de campesino potosino sino en el sobrio traje del maestro universitario.
Vuelto de Bélgica, donde se especializó en periodismo radiofónico, había sepultado definitivamente cualquier afán político y se volcó por entero a la enseñanza.
Ya sin su Cosuchi Parada, que se quedó en Potosí a hacer radio hasta su muerte, Retamozo no volvió a encarnar al entrañable Pedrito Ckentakanchari pero asumió definitivamente su vocación de maestro.
Y no fue un maestro cualquiera sino que se dedicó a formar periodistas. Enseñó en la UMSA, pero la Universidad Católica San Pablo fue la que lo tuvo más tiempo y lo encumbró al cargo de vicerrector.

 Aprovechó esa condición para ejecutar un programa piloto de educación a distancia con el propósito de profesionalizar a los periodistas empíricos. No llegó a cumplir su cometido, porque la Federación Nacional de la Prensa rompió unilateralmente el convenio, pero alcanzó a profesionalizar a varios en su especialidad, el periodismo radiofónico.

 La Universidad Salesiana también se preció de tenerlo en su planilla y, al igual que la “Cato”, lo hizo vicerrector. Fue uno de los impulsores de la Universidad Policial y, sin haber olvidado jamás a su tierra, le dedicó un libro.
Las generaciones de periodistas que se formaron bajo su égida jamás habrían podido conciliar la imagen de aquel docente sereno con la del indiecito de humor explosivo que hizo desternillar de risa a Potosí.
Mientras Pedrito Ckentakanchari era tan ignorante que jamás se metería a Mister Universo “porque pagan muy poco”, el catedrático Dulfredo Retamozo era toda una enciclopedia. Al asumir su nueva función, el campesino que hacía rabiar al camba Parada con respuestas tiradas de los cabellos mutó en el educador que nunca dejó en el aire las preguntas de sus alumnos.
Cuando murió, a la edad de 71 años, cientos de periodistas sintieron su partida y no faltaron quienes dieron rienda suelta al llanto recordando al maestro que se convirtió en su modelo.
En Potosí, donde la Federación de la Prensa le rindió homenaje hace tres años, no se lloró tanto al maestro de periodistas como al Pedrito Ckentakanchari que, ante la majestad dolorosa de la muerte, volvió a la mente de los septuagenarios que lo recordaron en el tablado, junto a Cosuchi Parada, dando lecciones de bolivianismo y haciendo reír a un pueblo que no sospechaba que se le venía un oscura época de dictaduras militares.
Los jóvenes, aquellos que nacieron después del negro período castrense, lo conocieron cuando las grabaciones resucitaron la voz que motivaba la risa nada más de oírla.
Entonces supieron que Pedrito Ckentakanchari era amigo del camba Cosuchi Parada y, en la ficción, se casó con una mujer tan pero tan gorda que, cuando el sacerdote le preguntó si la aceptaba como esposa, él tuvo que decir “sí” diez veces.
Desgraciadamente lo conocieron muy tarde, cuando Cosuchi Parada, que en realidad era tan potosino como el Cerro Rico, ya llevaba años de muerto, y cuando se enteraron que Pedrito Ckentakanchari se volvió a marchar y esta vez para siempre.

Homenaje a Dulfredo Retamozo

Retamozopor Carlos Morales, jefe de redacción del diario La Prensa de La Paz

Tuve el honor y el placer de conocer a don Dulfredo Retamozo en las reflexivas reuniones del Consejo Académico de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Católica Boliviana “San Pablo”. Siempre llegaba primero que nosotros. Puntual como reloj inglés, el potosino se distinguía por su amabilidad y su buen humor.

Las personas se conocen a través de los ojos, dice el dicho, así era con don Dulfredo. Su mirada lo decía todo. Propositivo, crítico a rabiar con lo que está mal hecho y con la corrupción, y alegre, como son esas personas que miran la vida más allá de las pequeñeces de este mundo. Nunca olvidaré la vehemencia con la que una tarde argumentó contra el plagio, cada vez más extendido en las aulas universitarias, ese mal que tanto daño le hace a la construcción colectiva del conocimiento.

Alto, elegante, portador de esas gafas marrones gruesas al mejor estilo de los años sesenta, Retamozo no dudaba en brindar sus minutos sagrados para saludar y conversar en los pasillos universitarios en torno a las últimas publicaciones sobre la comunicación social, una de sus pasiones de toda la vida.

Impulsó, en sus últimos años, la reforma de la carrera del mismo nombre con una visión amplia, pero siempre asentada en valorar a nuestros autores y a todos aquellos que están buscando nuevos horizontes para pensar la comunicación en una sociedad que adolece grandemente por su ausencia.
En su natal Potosí, Juan José Toro y sus colegas periodistas lo recuerdan por su paso por la política pública como Alcalde y Prefecto de ese departamento, pero especialmente, por su bellísimo e incisivo sentido del humor. Desde la radio, su casa mayor de la comunicación, Dulfredo cultivó un personaje único que hizo reir a varias generaciones con el corazón en la gente del pueblo: Pedrito Ckentakanchari, un personaje que bien pudo haber inspirado a Peter Travesí para su siempre recordado “Charanguito” porque, al igual que éste, era un “campesino que podía desenvolverse sin problemas en cualquier lugar.

Pedrito Ckentakanchari era el personaje que Retamozo presentaba al público tanto por radioemisoras como en el teatro junto a Cosuchi Parada, el camba interpretado por el también desaparecido Freddy Vidovic Ayala. Pero mientras Vidovic se quedó en Potosí para proseguir su labor de radialista, Pedrito Ckentakanchari se fue a la ciudad de La Paz con el afán de conquistar el mundo del saber y la comunicación.

Los potosinos todavía sonríen cuando rememoran las andanzas de don Dulfredo, ese intelectual creativo, cargado de buenas vibraciones.Por lo que se puede ver en su hoja de vida, lo consiguió con creces. Experto en comunicación corporativa, creador de modelos únicos para comprender la comunicación social e impulsor de los pequeños medios, aquellos que están más cerca de las comunidades y las organizaciones sociales.

Ojalá las nuevas generaciones de comunicadores, radialistas y periodistas tuvieran a Retamozo como modelo –más allá de sus esquemas teóricos y sus títulos académicos que eran muchos y de gran peso– y lo recuerden en el plano humano, en el plano de la comunicación, el plano más horizontal. Se nos fue don Dulfredo, con ese paso cansino pero firme, Dios lo tenga en su gloria.