Esta vez no valió la pena Marc

Foto:www.eldeber.com.bo
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No estoy seguro de que Marc Anthony cumpla su insistente promesa hecha en su pálido concierto del jueves de volver a Bolivia si lo invitan otra vez. Y vaya que costó caro la invitación. Le costó caro a los que lo trajeron, a los que pagamos para verlo y a la propia imagen del “rey de la salsa”.

Acostumbrado a actuar nada menos que en el Madison Square Garden y en otros famosos escenarios del planeta, Marc tuvo una noche que no valió la pena en nuestro modesto Tahuichi, por la penosa organización del que prometía ser el concierto del año. La talla gigantesca de este músico contrastó con la mediocre puesta en escena de su show.

Los problemas comenzaron en el ingreso mismo al estadio, por la habilitación de pocas puertas de entrada y por la escasa seguridad para contener la avalancha de gente. Quien menos tiempo permaneció en las largas colas que conducían al sector de la cancha fue al menos una hora. Se supo también que una parte considerable del público llegó a ingresar cuando el concierto había comenzado.

Dentro del gramado del estadio, la gente casi correteaba sin control por ganarse un espacio que le permitiera ver algo al carismático salsero, llegando a invadir y abarrotar la zona VIP. Pero la mayor dificultad se dio con el audio. Hasta los que pagaron para estar cerca del escenario sufrieron por el sonido. Apenas iniciado el show, el público de la general y las curvas comenzó a reclamar a gritos porque no escuchaba ni la voz de Anthony ni la música de su imponente orquesta. Las quejas se repitieron en varios momentos y el propio salsero pareció percatarse de los problemas. Fue el mayor dolor de cabeza, que se reflejó en la frialdad de las repletas tribunas, desde donde tampoco se lo podía ver bien. Las dos pantallas gigantes colocadas a los costados del escenario no ayudaron a calmar la ansiedad, pues tuvieron percances y no funcionaron.

Ni el notable esfuerzo del “rey de la salsa” consiguió despertar del todo a sus miles de seguidores. Los mejores momentos se vivieron cuando entonó al inicio de su repertorio su éxito Valió la pena. Luego encontró sintonía con la gente con Y ahora quién, Y hubo alguien, Hasta qué te conocí, Muy dentro de mí y Vivir lo Nuestro. Cerca de la 1 de la madrugada cantó Tu amor me hace bien. Recién en ese instante la gente respondió con el entusiasmo esperado, pero el show había concluido. No hubo forma de hacer volver al escenario al artista. Afuera del estadio, cientos de rostros apenas podían ocultar la decepción

Si bien vale la pena destacar el riesgoso emprendimiento de los que trajeron a esta estrella top, no se deben dejar pasar las fallas que terminan dejando una sensación de fraude a quien hizo el esfuerzo de juntar unos billetes para disfrutar de sus ídolos. De lo contrario, habrá que alentar la creación del “Defensor del público”, que se encargue de exigir la calidad que pide el que paga.

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