“A los dirigentes sindicales nos ven como vividores”

Cristian Peña y Lillo mostró su fuerza en la marcha de protesta que organizó el año pasado contra las agresiones de Evo Morales a los periodistas
Cristian Peña y Lillo mostró su fuerza en la marcha de protesta que organizó el año pasado contra las agresiones de Evo Morales a los periodistas

 

Cristian Peña y Lillo lidera el sindicato más grande del país de una empresa periodística. Son 220 los afiliados a la organización que conduce desde hace dos años. Eso trae ventajas, pero a la vez mayores dificultades, pues es muy difícil lidiar con tanta gente y contentar a tantas personas. Peña y Lillo tiene además el mérito de haber reiniciado después de algunos años de receso la actividad sindical dentro del diario El Deber. Su gestión logró un equilibrio interesante entre las demandas de los trabajadores y los intereses de los propietarios. Nunca hubo una huelga y se disfruta de cierta armonía entre los funcionarios y los dueños del diario. Pero Cristian Peña y Lillo acaba de anunciar la semana que ha terminado que dará paso a otra persona en la secretaría general del sindicato. Su gestión concluye y habrá elecciones el próximo mes. Este joven periodista expuso también ya su informe económico, que deja un saldo positivo con depósitos que llegan a los Bs 10.000. O sea, quien asuma su puesto, tendrá un buen colchón para comenzar. ¿Por qué se va? ¿Qué aprendió? Es lo que nos interesó conocer. Su experiencia merece ser registrada en los espacios de La Calle.

-Acabas de anunciar tu retiro de la secretaría del sindicato de trabajadores de El Deber. ¿Por qué te alejas? ¿sufriste alguna decepción?

– Me alejo principalmente por una decisión personal, que no tiene nada que ver con las críticas o aplausos que recibí durante los dos años de gestión al mando del Sindicato de Trabajadores del diario El Deber. Me retiro para dedicarle más tiempo a mi labor periodística, a mi familia y a mis estudios, que quedaron truncos. Sin embargo, no puedo negar que sufrí decepciones al mando de esta organización. La que más me marcó fue la indiferencia de la gente para emprender acciones en beneficio de ellos mismos.

 -¿Te sentiste agobiado por las críticas? ¿Cuál de ellas te dolió más?

– Agobiado por las críticas no, pero sí agobiado por el poco tiempo para demostrar que las críticas que se hacen no son ciertas y demostrar con hechos que sólo son por desinformación en algunos casos y mala leche en otros. Respecto al dolor, creo que por mucha apertura que uno pueda tener a las críticas, en general todas duelen. En mi caso, en mi función de dirigente, me dolió mucho que la gente dude de la integridad como persona que uno tiene y crean que el dinero que hemos manejado yo y mi equipo de trabajo sirvió para llenar mis bolsillos o, peor aún, los de la gente que me acompañó a lo largo de dos años. 

-Si no hay candidatos y te piden que sigas, ¿continuarías en la secretaría general?

– No lo he pensado en realidad, pero conociendo la apatía de la gente, que mira principalmente, como todos, su realidad e intereses personales, no creo que me pidan que siga. Te repito, de ser así, la verdad no sé qué respuesta daría, aunque ya he jugado mis cartas y el tiempo de transición para la elección de un nuevo directorio con seguridad reforzará mi posición y adormecerá cualquier intención de este tipo.

 -¿Qué aprendiste en tu paso por la dirigencia sindical?

– Mucho, pero principalmente a ser tolerante y a entender las necesidad de mis colegas. Fue bueno saber que uno tiene la opción de hacer cosas por el resto de los colegas, pero fue malo y decepcionante ver que a los dirigentes sindicales nos ven como vividores, bloqueadores o creadores de problemas dentro de las empresas, es un legado que dejaron malos dirigentes en todos los ámbitos.

 -¿Cuál fue tu mayor satisfacción?

– Haberle demostrado a la gente que no es un pecado y menos un delito hablar de sindicato en El Deber y hacerle comprender que en realidad es un derecho que uno tiene. Además fue satisfactorio conseguir, junto a varios colegas valientes, que se instaure en la empresa el sindicato y se convierta, en dos años de vida sindical real, en un referente de los otros sindicatos en Santa Cruz. Somos los más numerosos, los más fuertes y con seguridad, los que mayor influencia podemos ejercer en diferentes ámbitos.

 -¿Cuál tu mayor acierto?

– Haber aceptado dirigir el sindicato y conseguir que éste funcione, trabaje y rinda algunos frutos.

 -¿Cuál fue tu mayor frustración?

– No haber conseguido que se haga un aumento salarial para las personas que tienen funcionarios a su cargo y que el Gobierno no los consideró en el incremento establecido el año pasado. Además, quedó un punto pendiente, conseguir una sede para los afiliados.

 -¿Cuál crees que fue tu mayor desacierto?

– Dejarme llevar por la apatía de quienes sólo aparecen para criticar lo que otros hacen, sin poner de su parte para ayudar a conseguir un fin común.   

 -¿En algún momento te sentiste solo en el mando del sindicato?

– Si y no sólo en un momento, sino en varias situaciones.

 -¿Tuviste en estos dos años alguna presión, alguna exigencia de la parte patronal?

– Gracias a Dios no. Junto a mi directorio supimos tender puentes de entendimiento claros entre la parte patronal y la sindical. Cada uno jugó su papel en esta labor y afortunadamente las presiones nunca llegaron.

 -¿Mejoró o no en tu gestión la situación laboral de los trabajadores de El Deber?

– En algunos aspectos sí. Gestionamos accesorios de seguridad para las coberturas de los periodistas, se consiguió elevar los reclamos por el servicio de cobertura de salud a las instancias pertinentes y provocar mejoras, se hizo cumplir las disposiciones legales sobre los salarios dominicales y el pago de las horas extras en los niveles que correspondían. Tal vez parece poco, pero fue lo que se hizo.

 -¿Cómo gastaste los Bs 49.000 que movió tu gestión en el sindicato?

– Primero hay que precisar que no se gastó los más de Bs 49.000 que se manejó en dos años. La mitad, por norma sindical, fue a parar a la Federación de la Prensa y la otra mitad fue utilizada principalmente en gastos para apoyar actividades deportivas, organizar y completar los recursos para las fiestas del primero de mayo, elaborar las credenciales sindicales para los afiliados y ayudar económicamente a trabajadores que pasaron por malos momentos. Lo demás esta en una caja bancaria en el Banco Ganadero.

 -¿Qué ganaste como dirigente sindical?

– Experiencia y la satisfacción de sentir que se hizo algo por los demás. La labor sindical no da dinero, ni patrimonio, cuando el ejercer esta función sólo tiene como intención hacer algo en favor de todos. Para aquellos que utilizan este espacio de servicio con otros fines, seguramente en el futuro les puede dar otros beneficios, pero ese no es mi caso.

 -¿Qué perdiste como dirigente sindical?

– Tiempo para compartir con mi familia y tiempo para dedicarle más a mi pasión, el periodismo. Incluso hubo un momento en que parecía que yo estaba en El Deber por ser dirigente y no por el esfuerzo que puse para ingresar a este medio hace ya siete años.

 -¿Qué opinas de la gestión de Hernán Cabrera al frente de la Federación de la Prensa de Santa Cruz?

-Es una gestión en la que se está tratando de mejorar la situación de los trabajadores de los medios de comunicación. Es una gestión política, donde la credibilidad de la institución se ha visto mermada y el poder de convocatoria opacado. Aún queda pendiente que la institución se purgue internamente para sacar de su interior a la gente que no tiene que estar allí y que únicamente nos hace daño. En fin, no creo que la gestión haya sido buena hasta el momento y lamentablemente los sindicatos, que somos parte de la Federación, también somos responsables de lo que está pasando.

 -¿Cómo ves a las organizaciones de los trabajadores de la prensa en Bolivia?

-Debido a los constantes ataques del Gobierno, nos hemos convertido en fuente de información y empezamos a llenar titulares de televisión y periódicos. Creo que la verdadera lucha del sindicalismo en los medios está para conseguir que todas las empresas donde hay periodistas cumplan con lo mínimo que un comunicador debe tener para ejercer con plena libertad su labor y generar un verdadero sentimiento de gremio que haga, como ocurre en otros gremios, que salgamos en conjunto de manera fuerte y contundente ante agresiones de aquellos que no quieren vernos en el mapa. Debemos ser una organización fuerte, a la que no le teman. Por el contrario, tenemos que luchar para ganarnos el respeto de la gente y de la clase política gobernante y opositora.

 -¿Acabó ya tu carrera sindical? ¿Postularías a la Federación de la Prensa de Santa Cruz?

– La verdad, no sé. Es algo que evaluaré más adelante, por el momento son otras mis prioridades. Respecto a la Federación, tiempo atrás hubo algunas personas que me propusieron ir al frente de esta organización, no lo acepté por falta de experiencia en ese tiempo y luego decidí participar como parte de una plancha electoral junto a otros colegas. Ahora, con la experiencia ganada en el sindicato y la vida sindical que realizamos en la Federación, me gustaría estar al frente de esa organización, pero para cambiar la forma de hacer sindicalismo, para dejar de lado el sindicalismo político y hacer que todos los periodistas sientan nuevamente como su casa el edificio de la calle Ballivián.


 

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Santos Ramírez y una buena señal de Evo

Finalmente Evo Morales hizo lo que tenía que hacer para no seguir desgastando más a su gobierno. Echó de YPFB a Santos Ramírez, uno de los pesos pesados de su partido. Nardy Suxo había dado ya la noche del viernes en el programa Buenas y Malas, de la red ATB, señales de que el potosino estaba en la cuerda floja. Dijo en el espacio televisivo que Ramírez no había despejado las dudas sobre el contrato para montar una planta separadora de líquidos en Río Grande. Es más, durante todo el viernes la viceministra de Transparencia le había solicitado documentación sobre el asunto y Ramírez no se la proporcionó, lo que reforzaba las sospechas. Incluso confesó su frustración con el Ministerio Público que no había actuado hace tiempo, cuando se expusieron las primeras dudas sobre este millonario proyecto petrolero. Horas antes, desde Yacuiba, aparentemente algo desinformado, el Presidente se había jugado por su compañero de lucha diciendo que era víctima, una vez más, de calumnias de los grupos opositores. De nuevo se ponía desde el poder en duda el rol de los medios de comunicación, que han sido clave para develar el escándalo de la planta de Río Grande. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió con el caso de los 33 camiones de contrabando en Pando, que pusieron en apuros al ministro Juan Ramón Quintana, el viernes Morales dejó escapar en sus declaraciones en Tarija un sentimiento de ligera desconfianza en su conmilitante al señalar que sería investigado y no importaría su jerarquía en el partido. Si se comprobaba responsabilidad en hechos de corrupción, caería el que caiga. Pero ahora no fue necesario esperar la investigación. Esta vez se ha actuado como debe ser. Son demasiados los indicios que han ido surgiendo sobre las presuntas iregularidades en la gestión de Ramírez, que su salida de YPFB se veía venir. Este ‘niquelado’ del MAS parece haber montado una estructura nociva, en la que participaron algunos de sus parientes políticos. Tuvo que ser una tragedia la que develó nexos peligrosos del mando de YPFB incluso con gente metida en negocios raros, como los dos hermanos Córdova. El crimen del empresario tarijeño Jorge O’Connor se originó aparentemente en un volteo, más que en un atraco, y terminó truncando lo que iba a ser presuntamente una transferencia cuantiosa de dinero. Lo dijo uno de los principales sindicados del asesinato: “ésta no era la primera operación financiera” de Uniservice (la empresa de O’ Connor que debe montar la planta de Río Grande) con las características que se han conocido tras el crimen. Uno de los dos hermanos Córdova, sindicados de planear el volteo y el asesinato, conminó a los medios de prensa a indagar otras operaciones financieras de la compañía y amenazó con revelar el destino de los $us 450.000 robados, que presuntamente-según parlamentarios opositores-eran el ‘diezmo’ de un desembolso de $us 4.5 millones que acababa de hacer YPFB a Uniservice. Demasiadas dudas como para mantener a don Santos en su cargo. Para colmo, de a poco se están conociendo detalles de la licitación y adjudicación del contrato de la instalación de una planta separadora de líquidos en Río Grande, que desnudan un presunto favorecimiento a una firma que tenía aparentemente menos capacidad y fondos de garantía que otras más grandes y experimentadas para hacerse cargo de un proyecto tan importante para YPFB y para los bolivianos. Pero la destitución de Santos Ramírez no es suficiente para limpiar la imagen de la estatal del petróleo y del propio Gobierno, que subraya siempre en su discurso a la ética como la bandera y la fuerza de esta gestión. Ramírez debe ser sometido a proceso y, de comprobarse las denuncias en su contra, reparar todos los daños causados al Estado, en lo civil y en lo penal. Si Evo Morales es coherente con su mensaje de lucha contra la corrupción debe alentar desde casa incluso la investigación del patrimonio de sus colaboradores. De otro lado, es la oportunidad de reivindicar a YPFB, cuya imagen ha quedado por los suelos en los últimos meses, no sólo por estas denuncias de presunta corrupción, sino por las fallas permanentes de gestión. La posesión del ministro Carlos Villegas en el cargo máximo de Yacimientos puede alentar el inicio de una verdadera refundación de Yacimientos, que pide a gritos gente idónea y técnica en su conducción. Lo mismo se podría decir de las empresas petroleras que acaban de ser recuperadas por el Estado. En cuanto al contrato para la instalación de la planta de Río Grande, lo aconsejable es someterlo a una revisión urgente pare evitar pérdidas futuras. De todos modos, Evo Morales acaba de dar una buena señal al país y seguramente que una sacudida a su propio entorno de colaboradores. Queda pendiente que el Presidente termine de convencerse de la verdadera utilidad de la función fiscalizadora de los medios de comunicación, que esta vez han sido fundamentales para denunciar lo que comienza a ser un escándalo. El mandatario debe admitir que más allá de situar a los medios de prensa en el bando de sus adversarios, éstos más bien pueden ayudarlo a aplicar una purga en su propio Gobierno, tan necesaria para detener su desgaste. La salida de Ramírez debe ser apenas el inicio de un proceso efectivo de transparentación de la administración pública. Habrá que esperar que no termine con un exilio dorado en una embajada.